Archivo mensual: enero 2013

El dawa del Che Guevara

“Yo, que ya he luchado contra toda la maldad,

tengo las manos tan deshechas de apretar,

que ni te puedo sujetar,  vete de mí.”

Bolero Vete de mí

 Homero y Virgilio Expósito

 

Es noche en el Congo. El solitario comandante Che Guevara se acurruca en el centro de la selva. Con los ojos ametralla la luz de los astros.

Antes de este momento hubiese escuchado el deslizar de las iguanas sobre las cortezas de los troncos caídos, o el lejano crujir de las hojas bajo la pisada del puma. Ahora no puede.

Hace apenas un rato, Rafael Zerquera Palacios, al que llaman Kumi, le confirmó la muerte de doña Celia. Luego, como al descuido, dejó cerca del diario de su comandante la revista cubana Bohemia con los detalles de la muerte de su madre.

Los guerrilleros congoleños que vigilan en las afueras del campamento están preocupados. Lo observan. Nunca les ha caído bien el argentino. No entienden su idioma, el sabor del mate, la manía de cargar con tantos libros por los barrancos, pero sobre todo, cómo procura combatir si el aire no le llega al pecho.

Mitudidi intentó quedarse a su lado, pero se devolvió al campamento con los ojos muy abiertos. Dijo que el Che se había convertido en un aumla, ese misterioso insecto tutsi que habita en los pantanos selváticos, y que una vez al año vomita un raro veneno cuando lo embosca la luna. Después es inofensivo durante tres meses.

Ahora el comandante usa sus trocitos de aire para canturrear un tango. Le asecha la nostalgia. Unas lágrimas calientes se le meten en la boca. Mitudidi las adivina en la distancia y siente compasión, aunque no sabe por qué llora el comandante.

El brujo de la tribu, el mubanda, piensa que el comandante tiene miedo al próximo enfrentamiento con el ejército gubernamental, y que esto echará a perder los beneficios del dawa que le fueron conferidos en la ceremonia de esa tarde.

-¿Qué es eso? -Preguntó en la mañana el Che Guevara, después que el teniente coronel Lambert, quien representaba al general mayor Moulana, de la Segunda Brigada, aseguró que con la defensa del dawa podrían superar el ataque aéreo de los aviones sin usar cañones.

-Un medicamento natural preparado con el jugo de ciertas hierbas. Los combatientes deben untárselo en la piel. Los hace invisibles e inmunes a las balas. Eso sí, el ungüento debe estar bien preparado -fue la respuesta de Lambert.

El comandante Guevara pensó que se trataba de una broma, pero guardó silencio al ver la cara seria de Lambert , aunque no pudo  evitar que la risa se le escapara hacia el hoyuelo de la mejilla izquierda.

**************************

 Esa tarde, frente a la tropa, el mubanda manoseó la cabeza del comandante con unos polvos mágicos de tonos rojizos. Después de recitar algunas oraciones, le pasó el ungüento por los brazos, el pecho y el cuello. Al final, tuvo para él un gesto de deferencia. Le escupió en la cara pedacitos de las hierbas con las que se preparó el dawa. Alegó el mubanda que el líder debía estar doblemente protegido. Los guerrilleros aplaudieron entusiasmados.

El comandante, molesto, salió en dirección a los  ranchos a quitarse los polvos que le aumentaban los síntomas del asma. Lo detuvo el grito cavernoso del mubanda.

-Dejarás de estar protegido si te vence el miedo, si te embriagas antes del combate o si te echas con mujer. 

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 Debería amanecer. Todavía el comandante rastrea la luna, pero entre el ramaje sólo ve un pedazo muy parecido a uno de los pechos de su madre reventando los botones de la blusa. Recuerda el olor de sus muslos sudados bajo la falda. Deja caer la cabeza entre las hojas por si encuentra allí el mismo hueco tibio.

Tose. Rescata algo de aire. Los ojos húmedos se le agrandan. Sibilante y desesperado busca el inhalador. La madre le pedía que no tuviera miedo, que se mirara las uñas y que le avisara si se le ponían grises. Siente su mano vigorosa sobándole el pecho, como cuando era niño. Se le confunde el recuerdo de esa primera mano protectora con la sensación que le dejó la mano del mubanda.

Cree que puede volver a tararear el tango, pero la letra de la pieza se le borra.  Apenas recuerda  pronombres desafinados; tú, yo…

Se detiene. La ve ahogándose entre las corrientes del Paraná, allá en Caraguatay. Bendice una vez más a los hacheros guaraníes que la salvaron. Dispara el inhalador y detiene la respiración por diez segundos hasta que la sustancia brumosa se apodera de los pulmones.

El cielo, capturado, al fin, por la luz del día, no evita que el comandante vea una lámina de oscuridad dura sobre la selva. Contraído como gusano, el doliente repite en francés algunos versos de Baudelaire, doblando la lengua como le enseñó doña Celia. La llama, pero la mujer no viene a contarle historias. Entonces, se atosiga el puño entre los dientes. Mira en derredor con recelo. No quiere que lo vean tan herido. Basta con el cuerpo flacucho, los huesos de vidrio y la cabeza hedionda. Levanta el pecho para que el aire entre. Que no piense alguno que es una bestia acorralada en el follaje…

(Fragmento del relato El dawa del Che Guevara /Cuentos Traidores de Rubis Camacho/Mariana Editores/2010

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¿Qué se mueve en tus pestañas?

“Fue hace tres años. Recuerdo el día. Venía de cazar en la montaña. Un racimo de ciervas montunas se interpuso en mi camino.  Hice señal de silencio a mis cazadores. Cada uno divisó una presa. Puse los ojos en la hembra más grande y primorosa. Parecía una reina en el imperio boscoso. Me deslumbró su túnica de piel oscura. Tenía la majestuosidad de una estatua. Me miraba erguida, serena como una piedra, inalterable, altiva. Por un momento dudé en quitarle la vida. Era demasiado bella y poderosa. Ni en mis amigos centauros vi tanta osadía. Pensé en  acariciar aquel cuello tinto de sombras, pero me detuvo la distancia  de diosa. Decidí castigar su desafío. Lancé la flecha con mi mayor impulso. Escuché el ruido que produce una flecha en la carne horadada. Estoy segura de haber acertado. Nunca he fallado, pero mis cazadores no la encontraron.”

(Fragmento del relato ¿Qué se mueve en tus pestañas?/  Cuentos Traidores de Rubis Camacho /2010/ Mariana editores)

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La sangre de Lucinda

La sangre de Lucinda

 

1971

Tenía once años cuando vi la sangre de Lucinda. Fue en el patio de la escuela intermedia Mariano Abril, en el barrio Río de Guaynabo. El sol de mediodía  derretía las cabezas y lanzaba la resolana al interior del salón de inglés de séptimo grado.

Casi oculta por las costras grises de los líquenes en la corteza del jobillo, Lucinda se alisaba la pollina. La acompañaba Pipo, el noviecito rubio y bello. El muchacho sostenía con dificultad una grasienta empanadilla de complexión monga y un icee de Coca Cola.

Atravesé el predio en dirección al comedor escolar. El ruido de las bandejas apuñaleaba el aire. Las empleadas fregaban con las bocas abiertas. Las redecillas les caían sobre los ojos como prietas mantillas cuadriculadas. Comí de prisa, con una extraña sensación de vértigo.

De regreso al patio, observé cómo Lucinda se oprimía el abdomen. Lloraba. Parecía hundida en un pantano. Duplicaba  en su cara el verde desvaído del jobillo.

Me acerqué con una mezcla  de curiosidad y azoramiento. Pipo, señalando la pierna de Lucinda, repetía a gritos – ¡Yo no fui, yo no le hice na, yo no le hice naaaaa!

Fue entonces, cuando vi el chorrito de sangre parda que bajaba lenta por el muslo de Lucinda.

Mariíta, la gorda de séptimo tres, corrió a decir a todos que Lucinda se estaba muriendo, que se le salía la sangre, que la sangre era coloraíta, que lo peor era que se le iban a manchar las medias; que si las medias eran nuevas lo mejor era que se las quitara, y que, seguramente, las medias eran nuevas porque no estaban estirás…

En un instante, la muchachería rodeaba a Lucinda.  Las miradas exaltadas tropezaban con los pechos pequeños de mi amiga,  descendían por las caderas hasta los embetunados zapatos escolares. En todas las caras se repetía el pasmo. Ella sollozaba y apretaba las piernas sanguinolentas.

Un calor espeso se interpuso entre Lucinda y nosotros. El mísero aire circulaba redondo.

La sangre manaba más prolija que las lágrimas, menstruosa, bella, sangre para la vida y para el asombro. ¿Será que las grandes cosas siempre comportan algo vergonzoso en la semilla?

Lucinda estaba rígida. Volví a mirar la pierna casi infantil, ausente de estrías, ronchas y celulitis.

Me interrumpió Ezequiel, el bizco de séptimo uno, el fiel enamorado de Lucinda, el rechazado, el burlado. Se dobló despacio, como quien se vuelca para recoger un lirio. Sacó de su bolsillo el pañuelo blanco y limpió las piernas de Lucinda.

La voz de la Sra. Marrero interrumpió la liturgia. Atravesó  el cerco de la muchachada y abrazó a la penitente. Metió a la iniciada bajo el brazo y   caminó con ella en dirección al baño. La congregación siguió en procesión silenciosa tras ellas. Apenas respiraban.

Lejos quedó el banquito junto al jobillo. Secas quedaron las lágrimas de Lucinda sobre la tierra. Los ojos estrábicos de Ezequiel se posaron sobre el pañuelo que en su mano tomó forma de paloma herida.

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Breves en la cartografía cultural

Por Carlos Esteban Cana

Ahora que estamos en plena temporada navideña, y usted se encuentra en medio de la tarea de agradecer la presencia de sus seres queridos con obsequios, permítame sugerirle que regale un libro escrito por un autor puertorriqueño. Y es que nuestra literatura es una de primer orden. Un libro que lleve en su cubierta nombres como Julia de Burgos, René Marqués, Emilio Díaz Valcárcel o Angelamaria Dávila, por ejemplo, será un obsequio que dejará huellas en quien lo recibe. Se lo garantizo.

Pero para dar un buen regalo no se tiene que limitar a los nombres clásicos. La literatura boricua está integrada por muchos ríos tributarios. La diversidad en lo producido por nuestras escritoras y escritores ofrece alternativas para todos los gustos. Dicho lo anterior, y como anticipo a mis impresiones de lo que disfruté de la literatura nacional este año (que compartiré con ustedes en una edición especial de En las letras, desde Puerto Rico durante el 2013), menciono algunos títulos publicados en el 2012, que le pueden servir como alternativa de regalo para cualquier ocasión, sea Noche Buena, Año Viejo, Año Nuevo, el Día de Reyes o las octavitas.

Permítame comenzar con el género de la metáfora, la poesía. Tres poemarios inmediatamente se colocan en primer plano: Confesionario, de Belia Segarra, poeta única en su clase, lo que podría llamar genuina, de esas que se mantiene a distancia de la pasarela mediática. La cantera de la que se nutre su poética es, sin duda, su propio proceso de vida. Y tras la belleza que deja la palabra cincelada y acrisolada en su interpretación -esa que da sentido a la experiencia- el lector que se acerca a estas páginas no permanece inmutable; se transforma. Incluyo dos títulos más en esta misma dirección: Erótica de Stefan Antomattei, y La vigilia de Tannhauser de Gilberto Hernández.

Erótica, del autor de la novela La chica de Estocolmo, ofrece en este poemario un balance entre la ternura, la nostalgia y el ingenio. En estas páginas el autor evidencia la conciencia del oficio, pues las piezas arrojan cierto hálito de haberse trabajado continuamente. Detalle que nos confirma  la propia biografía del autor, que en la pasada década ha estado inmerso en talleres y seminarios de escritura creativa. Erótica incluye además una serie de cuentos, que en sucesivas ediciones podrían funcionas como un libro autónomo.

La vigilia de Tannhauser, del autor del Libro de los viernes, Gilberto Hernández, nos presenta esa poesía clásica, que selecciona lo mejor de la tradición para dar textura al aliento existencial del escritor, que intenta distanciar de sí la experiencia vivencial mediante un personaje que da unidad conceptual a este poemario. Y es que Gilberto Hernández nunca ha tenido prisa por dejar en las manos del lector eso que conocemos como excelente poesía.

En narrativa corta tres títulos del 2012 vienen de inmediato a mi memoria. El fraile confabulado de Rubis Camacho, despeja dudas acerca de la autora. Muchos se preguntaban si después de un libro trascendente, fuera de lo ordinario, como Cuentos Traidores,  la escritora podía mantener la calidad de aquellas páginas. Y con El fraile confabulado Camacho ofrece una firme contestación afirmativa a tal interrogante. Y es que aquí la experiencia monástica está contemplada desde varias perspectivas. En palabras del crítico, historiador, y escritor, Mario R. Cancel-Sepúlveda: “El eje que une a todos los relatos, con una estructura similar a la de las fábulas, es la transformación. Con una mirada propia del movimiento surrealista o un desborde de la realidad, los conflictos de las tramas se resuelven o complican mediante la metamorfosis personal del fraile, los cambios del ámbito en el que se mueve, las actitudes sobre sus creencias y la lucha entre el bien y el mal”.

Otro libro que quiero destacar en este género, que tuvo presencia particular durante el 2012, es Vindicación del miedo, de Camilo Santiago Morales. Un libro que por su rúbrica cercana a lo destilado por escritores como Poe, Maupassant y Quiroga, deja reverberaciones intensas en el lector. Tal como lo apunta el creador de la bitácora cibernética Confesiones, Angelo Negrón: “Terminé el libro y me quedé con esa sensación que deben sentir los que acaban de bajarse de una montaña rusa; cuando a pesar de todo el terror que sintieron allá arriba, quieren regresar a la fila para encaramarse y retar a sus miedos nuevamente”.

Las sugerencias en el género del relato concluyen con la nueva entrega de Bruno Soreno, titulada Todos los nombres El nombre. Libro que puedo nombrar como orgánico y ‘vivo’, lo que resulta de una colección trabajada y trabajada sin descanso. Recién llegado a las librerías, esta obra puede representar para el lector un viaje, una visita panorámica por un catálogo de historias creadas y desarrolladas durante las pasadas dos décadas. Diferente a Breviario (2002), primer libro del autor, caracterizado por lo intenso y la síntesis, Todos los nombres El nombre es fragmentario si se quiere; aquí las piezas difusas y diversas nunca dejan pasivo al lector. Libro, sin embargo que muestra a su autor, diez años después, con el mismo gusto por la ironía soterrada, esa que se convierte en diálogo irónico con saberes propios y enciclopédicos.

 

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La literatura del encierro/ Taller

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de | enero 22, 2013 · 7:01 pm

Mi gente de a pie / Tomo II

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Persisto en la tarea de presentar a “Mi gente de a pie”. Sirva el ejercicio como un acto de devoción y gratitud a las personas que me impulsan a escribir.

Arriba, Lita, Ruby, Arnaldo, Tiffany y Sebastián

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Con Tamara Yantin/ de Mariana Editores

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Con el inmenso guitarrista Kacho Montalvo

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Por supuesto, la Gabriela

Festival Claridad 2009 (11)

Con el Licenciado José Juan Nazario / Festival de Claridad

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En taller para maestros jubilados en Corozal

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Nesy, Camila, Aly, Chely, Daniris, Gabriela y Daniel

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Mi gente de a pie/ Tomo I

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“Gente de a pie” era una frase que usaba mi abuela, la negra Nesta. Una noche le pregunté por el significado de  esas palabras. Me dijo -Es la gente que te acompaña en el camino.

Foto de arriba /con la Providencia Rivera Roque en las montañas de Barranquitas/

 

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Después de discutir mis Cuentos Traidores con el grupo de lectura Moriviví.

 

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Premio del Pen Club a Cuentos Traidores

 

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Con la escritora Nidia Cheverez

 

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Empleados públicos discuten Cuentos Traidores.

 

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Conferencia en la Universidad Interamericana del Dr. Víctor Acevedo

 

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Después de ofrecer taller Creación de personajes en la Universidad del Sagrado Corazón.

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En casa con Mario y Maribel (13)

Escritor e Historiador Mario Cancel

 

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Luz Nereida Pérez/ Rubis Camacho/ Orlando Santiago

 

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Mara Daisy Cruz/ Directora y fundadora del Instituto de Formación Literaria

 

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Con Ángela López Borrero (escritora y profesora)

 

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Premio del Instituto de Literatura Puertorriqueña a Cuentos Traidores

 

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Escritor Carlos Esteban Cana

 

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Con Javier Febo, Carlos y Jesús Santiago

 

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Escritores de Letra Negra, Guatemala en “Octubre, mes de narrar”.

 

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Con la escritora Tina Casanova en el Festival de la Palabra 2012

 

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Conversando con el escritor Antonio Aguado Charneco.

 

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Junto a la escritoraYolanda Arroyo Pizarro

 

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Se nos unió el escritor Jaime Marzán.

 

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Con Emilio del Carril…así somos.

 

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Atrás, de izquierda a derecha, con los escritores Gean Carlo Villegas, Jorge Valentine, Emilio del Carril, Daniel Martes…. “Había una vez una mujer que dijo – estoy sentada- pero nadie lo creyó…”

 

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El escritor Emilio del Carril me acompañó como lector en la defensa de tesis (Maestría en Creación Literaria)

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Jesús Santiago Rosado y su Bachata Rosa en Tres Tiempos

por Rubis Camacho

Bachata Rosa en Tres Tiempos de Jesús Santiago Rosado,  es un poemario de gran tersura.  El título, lleno de pistas, mapas clandestinos y paisajes laberínticos permite al lector presagiar la antillanía, la caribeñidad, lo afroantillano, si reconocemos que la palabra bachata es una voz africana que el Diccionario de la Real Academia define como juerga o jolgorio, y que en la República Dominicana resulta ser el canto popular. Prima en el poemario una musicalidad específica. Estos poemas no fueron escritos al calor trágico del bolero, ni en el tono desenfadado de un vals sencillo. Los versos traen la cadencia de la bachata, género musical que tiene sus raíces en la guaracha y en la danza.

No desconoce el poeta la popularidad del cantautor dominicano Juan Luis Guerra, ni el impacto comercial  de su famosa canción Te regalo una rosa, pero no le atemoriza el vínculo. Se lanza desde este trampolín ingenioso. Con gran audacia se abre camino en el mundo de las letras desde un lugar común en la literatura; la rosa como regalo de amor “Te regalo una rosa , la encontré en el camino” nos dice Guerra.

Tal riesgo solo lo asume un poeta que ha comprendido que “Una rosa es una rosa, es una rosa, es una rosa…” Santiago Rosado tiene el talento para bautizar todas las cosas con un nombre nuevo.

Hablemos un poco de los cauces por donde se desborda la poesía de  Santiago Rosado.

¿Es Bachata Rosa en Tres Tiempos una historia cantada por un juglar? ¿Son poemas que se sostienen solos, sin la claridad de un contexto (tiempo y espacio)? ¿Narra toda poesía una historia, un microcosmos?

Creo que Bachata Rosa en Tres Tiempos es la épica del amor que duele y cuyo milagro transforma la vida de la voz lírica; una historia cantada por un trovador “Te miré y sentí la vida, te miré y sentí la nación, sentí guerra, pasión, ardor, humedad, feromonas, saliva, agua salada, olor a piel, caballo y delfín. Te miré y me acordé de mí.” El texto dialoga de tú a tú con escritores de probada sensibilidad y agudeza. Son las fuentes que nutren a Santiago Rosado. Resalta el espíritu que lo conecta a Mairym Cruz Bernal, Mayda Colón, David Caleb Acevedo, Alez Samuel Vélez, Lilliana Ramos Collado, Angelamaría Dávila, Carlos Vázquez, Yolanda Arroyo Pizarro, Melany Rivera, Luzma Umpierre, Emilio del Carril, Xavier Valcárcel, Alan José Cuadrado, Ana María Fuster, Mayra Santos Febres, Amarilys Tavárez, Aixa Ardin, Cáez Romero, Moisés Agosto, Javier Febo, entre otros. Este elemento de intertextualidad se plantea con gran dominio en el poema Llevarte muy adentro, donde Santiago Rosado, como Pablo Neruda en La espada encendida, establece un nuevo proyecto de existencia, un reino grande y poderoso.

El poemario se divide en tres partes: La piel deseada de la rosa, Las espinas y El sabor de la rosa. Con esta estructura Santiago Rosado nos lleva al mundo del deseo laberíntico por la rosa. Seguramente porque la resolución de este deseo es también un laberinto en el alma de la voz lírica. En la segunda parte “Las espinas“, la voz poética confiesa lo agónica que puede ser la búsqueda del amor o del encuentro amoroso “Las rosas tienen espinas“.  Cae vencida la voz lírica en la tercera parte “El sabor de la rosa“. La flor, con hechizos de Circe, lo  adormece, lo devora. La voz poética naufraga en las delicias del amor.

Finalmente, Santiago Rosado abre una puerta, elabora una promesa: “Esta voz que te ha contado, ha decidido dejar esta parte del firmamento en blanco, para que podamos seguir añadiendo noches a esta historia sin punto final.” Lo ha cumplido. Su libro más reciente, Clandestino, lo evidencia.

Muy pronto compartiré con ustedes mis impresiones sobre este trabajo de Santiago Rosado. Les adelanto que Clandestino es un poemario en el que la voz lírica alcanza una madurez extraordinaria, poemas escritos desde la valentía y la búsqueda incesante.

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Lectura de cuentos en Casa Concha

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16 de enero de 2013

Estuvimos en Casa Concha convocados por las Tejedoras de Palabras. Noche de cuentos y de amigos…

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Próximo taller de creación literaria

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de | enero 17, 2013 · 10:19 pm