Un cuerpo para el fraile

 

Un cuerpo para el fraile

          Invierno despiadado… Llovía.

Escuchamos ruidos afuera. El hermano Bernabé me acompañó al portal. Más que el candil, nos guiaba una esencia rara, algo de lirios o fragancia de azucenas. Encontramos el cadáver de una mujer desnuda envuelto en una manta. No había gente en los alrededores. Muy distante se oía el trotar de unos caballos. Al hermano Bernabé se le aflojaron las piernas y se le hinchó la lengua. Gran pavor se apoderó de nuestras almas.

 Con su ayuda puse el cadáver sobre la mesa de la cocina. Mientras el hermano Bernabé aseguraba los cerrojos, encendí otras velas para escudriñar el cuerpo. Era de una transparencia azulina, impávido y yerto. ¿De qué otra manera?

Le iluminé el rostro. Era la ramera que ofrendaba canastas de pan y pescado en nuestra puerta. Todos sabíamos de quien venía la dádiva, aun así, por orden de nuestro prior pasábamos por su lado ciegos o indiferentes.

          En agradecimiento tardío quise lavarle el cuerpo para la sepultura, aunque de forma extraña el  cuerpo sucio olía a cirio perfumado, también a los lirios suaves que crecen doblados en las laderas.

Tuve que aproximar más la lumbre para no dudar de lo que veían mis ojos. Una multitud de letras y números comenzaban en el nacimiento de sus pechos. Se extendían a lo largo y a lo ancho, gráciles, como mariposas pequeñas.

Bastó voltearla un poco para descubrir el primer mensaje. En la nuca, debajo del musgo apestoso que le caía sobre los hombros leí, Te haré entender y te enseñaré el camino por el que debes andar. Salmo 32:8. El número ocho tomaba la curva de los senos magullados. En un pezón rumiaba una tira de leche. Debajo del seno izquierdo ordenaba, Quédate aquí hasta que apunte el día y huyan las sombras. Cantares 4:5-6. El número seis apuntaba al enorme vientre fecundado, Tu ombligo como una taza a la que no le falta la bebida. Cantares 7:2. La palabra Cantares se deslizaba ondulante por una de las piernas, Como columnas de mármol fundadas sobre bases de oro fino. Cantares 5:16. El número 16 subía hacia el pubis, Venga mi amado a su huerto y coma de su dulce fruta…pozo de aguas vivas que corren del Líbano. Cantares 4:15-16.

El hermano Bernabé, con voz cavernosa, leyó las palabras escritas en los pies, Me levantaré ahora y rodearé la ciudad por las calles y por las plazas…Me hallaron los guardias de la ciudad, me golpearon y me hirieron. Me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros. Cantares…   

          Una sensación de vergüenza y pantano me asedió el pecho. Miré las paredes buscando olvido. Tropecé con un mendrugo dentro de una canasta. La cesta colgaba de la figura de madera del Cristo crucificado que no logra cerrar los ojos.

Ante la mirada incrédula del hermano Bernabé …

Fragmento del relato Un cuerpo para el fraile        (El fraile confabulado /de Rubis Camacho/ Letra Negra Editores)

Anuncios

1 comentario

Archivado bajo Fragmentos, Sobre El Fraile Confabulado

Una respuesta a “Un cuerpo para el fraile

  1. Gracias por compartir, Rubis. Dan ganas de seguir leyendo :-)) cuando sea grande quiero escribir como tú. Un abrazo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s