El telescopio del fraile

“Los cielos cuentan la gloria de  Dios…” (Salmo 19:1)

…Y ante el hecho de que el hermano Bernabé, a causa de su tos constante y saliva sanguinolenta, no podía vigilar tan demoníaco instrumento, decidió el prior que hiciese mía tal misión hasta que terminase el juicio contra el hereje Galileo. El hermano Felipe, manso y obediente, lo depositó en la buhardilla construida sobre el oratorio.

Durante siete noches vigilé el artefacto. Recé y rogué por el alma del impío Galileo. Ya me dolían las articulaciones cercanas a las uñas de tanto andar y desandar las cuentas del rosario. La octava noche me visitó la sombra, no lo oculto. Fui tentado por el maligno, ese león rugiente que busca a quien devorar. Caí en sus fauces, como Eva en las de la serpiente.

Sí, amado confesor, empuñé el instrumento para ver los cuerpos celestes.

!Oh, maravilla! Con la primera impresión enmudecí. Temblé  ante las pléyades. Me sorprendió la madrugada emboscado por esas masas luminosas que transitan parpadeantes el universo. También busqué a los ángeles, no al Soberano que reina y gobierna, porque bien hemos sabido que nadie puede ver a Dios y quedar vivo.

Meses enteros fui abrumado por la vastedad del universo, hasta una tarde en la que se me ocurrió…

(Fragmento del relato El telescopio del fraile / Libro El fraile confabulado de Rubis Camacho / Letra Negra Editores / Guatemala)

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo Fragmentos, Sobre El Fraile Confabulado

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s