Breves notas sobre las visiones psicológicas en la novela “Sara: la historia cierta” de Rubis Camacho

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Dr. Víctor Acevedo Negrón

¿Qué pensaría usted, si una mañana su vecino le dice que en un rato saldrá en dirección al Yunque a degollar a su único hijo, porque Dios le ha pedido la vida del muchacho como ofrenda? ¿Qué pensaría usted de un hombre que se casa con su hermana cuando ella es apenas una niña, y luego, por temor a que lo maten, la da por mujer al dueño del punto y a un millonario traficante? ¿Qué pensaría usted de una mujer que a los 127 años, moribunda, decide enfrentar su historia y recordar los únicos dos momentos de placer sexual que tuvo en su vida, y que no fueron precisamente con su marido? ¿Qué pensaría usted si esa mujer aceptara haber torturado a otra mujer porque esta última no respondió a sus amores? ¿Con cuánta salud mental habrá crecido un hombre a quien su padre amarró sobre unos troncos de leña para ofrecerlo en holocausto al Dios vivo? ¿Qué siente una mujer secuestrada y violada en un desierto por un viejo repugnante? ¿Se convierte siempre una víctima en victimaria? ¿Es posible desobedecer a Dios y que tal desobediencia quede impune?

Todas estas preguntas quedan planteadas en la novela de Rubis Camacho: Sara: la historia cierta, novela de fascinante estructura que, de acuerdo al criterio del escritor e historiador Mario Cancel, permite una amplia gama de interpretaciones.

De acuerdo a esta novela, 16 papiros fueron encontrados la mañana del 26 de noviembre de 1988 en las excavaciones cercanas a una necrópolis del Alto Egipto. Estos papiros contienen la voz de estos personajes que saltan de la antigüedad para contarnos la verdadera historia. Al respecto, también ha comentado el escritor y profesor Emilio del Carril: “Novela en la que los personajes hablan desde el mundo oscuro de sus pasiones. Pero, en mayor medida, desde el deseo y la ausencia. El erotismo y la sexualidad son intensos. Las escenas sexuales se construyen bajo el manto atropellado de la insatisfacción. El amor no correspondido se atrinchera en las escenas sexuales confiriendo a las mismas un aire violento y perturbador.” Los rasgos psicológicos de los personajes que dan vida a la trama, son interesantes y turbulentos, pero no más que el perfil psicológico de mucha gente que usted y yo conocemos, de gente con la que convivimos, y posiblemente, de muchos de los que están sentados a su lado en este momento. Por eso me interesa esta novela, la riqueza de su mundo psicológico es avasallante. Mire a su alrededor. Mire a la persona que está a su lado. Posiblemente concurra conmigo en que podría ser un personaje de una novela como ésta.

Sara

Comencemos con Sara, el personaje que retumba en el título y en la portada. En una acertada retrospección, la novela inicia con la narración de Sara, anciana, moribunda, quien decide, en el umbral de la muerte, aceptar su humanidad roída. Sufre los avatares del ardiente desierto cuyo calor hace crepitar las telas de su tienda. Sara dice “Hoy, a los ciento veintisiete años, moribunda, en tierra de Quiriat-arba…Vuelvo sobre estos hechos, porque es posible que en unos instantes mi memoria frágil y para muchos fútil, ya no sea más.” Desde el portal de la muerte, el personaje recrea su juventud y vuelve al lecho amatorio del faraón de Egipto, escena de gran sensualidad y sofisticado erotismo. Demuestra Rubis Camacho su capacidad para insertar en todo el texto elementos que recogen el aspecto de la reminiscencia; proceso que desde la perspectiva psicológica representa un modelo de intervención terapéutico. Mediante este proceso logramos reconciliarnos con la vida a través de la introspección y el recuerdo intencional para evocar experiencias pasadas, a veces traumáticas. La finalidad de la reminiscencia, dentro y fuera de la novela, es sanar y darle sentido a la vida cuando estamos viejos y próximos al evento de la muerte. Veremos que en la novela, Sara se lanza en un acto de relativa valentía “Estas cosas las declaro ahora, cuando ya no importa que me otorguen carta de divorcio o amenacen con expulsarme al desierto de Beerseba a morir de sed”. Sara es una mujer víctima del sistema patriarcal fundamentado en la creencia de un Dios Todopoderoso que ubica a la mujer en el mismo renglón que a las bestias o a las cosas. A través de la novela Sara manifiesta dosis de sumisión, dosis de amargura producto de esa sumisión, venganzas, egoísmos, pero sobre todo, una necesidad imperiosa de ser amada y validada como un ser digno. Recordemos que de acuerdo a la historia del Pentateuco, Sara fue hermana y esposa de Abraham, luego fue entregada por Abraham al Faraón de Egipto. Esto implica no solo violencia sexual hacia Sara, sino también un desgarramiento social por tener que convivir como esclava en una sociedad tan diferente a la suya. En la novela, Sara se enamora de la esclava Agar, pero nunca es correspondida. Sara vive y muere sin el goce y disfrute de la compañía de la pareja amada… Escuchemos a Sara: “Una noche le ordené lavar mi cuerpo. Sus ojos se posaron en mis senos con asco, con la misma repulsión con la que hubiese mirado a dos alimañas podridas. Fui poseída por los celos y la rabia. La abofeteé duramente. De una patada lancé la tinaja de agua a la tierra. Gritando la maldije. Mi señor Abraham vino al encuentro. ¡Vive Dios, que si mañana, al romper el alba, no has echado a esta esclava y a su hijo al desierto, me tiraré a morir sobre una estepa! Le aseguré. Al día siguiente la vi partir llorosa, reducida. Durante diez años no pronuncié palabra. Durante diez años no salí de mi tienda. Durante diez años lloré y fui lagarta de tierra”. Es decir que, con la expulsión de Agar y su hijo, Sara quedó sumida en una depresión profunda; producto del remordimiento, de la culpa y la soledad. La autora señala que el estado anímico de Sara duró diez años para, con ese tiempo que nos podría parecer inconcebible, mostrar la magnitud de esa crisis emocional. Aunque hay seres que transitan por la vida en una luctuosa procesión.

Agar

Es víctima y victimaria. De acuerdo a la novela, llega a la tribu donde Abraham es el patriarca por un golpe de suerte. Es hija de nobles del Alto Egipto. En una travesía por el desierto su caravana es asaltada. Casi moribunda es hallada por el clan de Abraham. Pero Agar oculta su identidad de noble, por lo tanto, Agar, en esta novela, es una mujer que vive continuamente la duplicidad y el secreto. Aprende a mentir para sobrevivir. Por eso le ocultará a Abraham que el hijo que lleva en el vientre es de Eliezer el damasceno. Le hará creer al anciano Abraham que el hijo es de él para asegurar un puesto de respeto en la tribu. “No podía el damasceno privarme de la única oportunidad de ser tratada con mayor dignidad y decoro. Ya no sería una esclava más. En Agar, la egipcia, mi señor había iniciado su descendencia.”-señala el personaje. Podríamos pensar que Agar es una manipuladora, una trepadora o simplemente una mentirosa patológica. Sin embargo, juzgar este personaje con severidad sería desconocer las estrategias de sobrevivencia que las personas utilizan en situaciones adversas.

 Isaac

Isaac es uno de los personajes más conmovedores de esta historia. Es el hombre que mira con profunda tristeza la historia de su niñez. Comienza diciendo “Superé el espanto, ahora puedo hablar”…MI padre tenía gestos escabrosos, fue un hombre avasallante que ultrajó los sentimientos más puros de mi madre, vencida de antemano.” Se destaca en el texto un Isaac confundido e inseguro ante una figura paterna ausente afectiva y emocionalmente. Podríamos pensar en un conflicto edípico no resuelto, pero este análisis requerirá dedicar mucho más tiempo a este personaje.

Finalmente, la autora nos presenta a un hombre que siendo víctima de sus circunstancias, se niega a ser victimario y desobedece al Dios Todopoderoso. Dios Sobre este personaje dice Emilio Del Carril “Los últimos capítulos se adelgazan en extensión, esto hace que la lectura adquiera una velocidad vertiginosa en el último cuarto de la novela. Este recurso, además de agilizar el proceso de lectura, crea un efecto visual ante el último capítulo. En esta parte observamos una secuela de sorpresas y giros de tuerca que desembocan en el capítulo XVI donde un personaje, que no había intervenido hasta el momento, aparece impasible para juzgar los hechos que se han presentado.”

Después de varias lecturas del texto, creo que el protagonista de la novela es Dios, este Dios que juega al titiritero porque en sus manos sostiene y manipula los hilos que guían los destinos de los seres vivos. Este ser subyace en todos los capítulos. Sara afirma en el primer capítulo, en una espantosa dosis de ingenuidad e ignorancia “Con el paso de los años entendí que mi señor Abraham ejercía sobre mí la violencia por mandato de nuestro Dios”- En otro capítulo añade “Valgo menos que una tienda o una túnica. Así son los designios del Altísimo.” En el tercer capítulo Abraham señala: “¿Cómo contarle a un siervo que el Dios Todopoderoso se me había revelado? “ Y es la obediencia al designio o mandato de Dios lo que destaca a la figura de Abraham en la literatura bíblica como el padre de la fe, y da origen a esta historia extraordinaria.

Tal parece que la autora, como muchos teólogos modernos, muestra a Dios como el creador y señor de la historia. “Hablo último. ¿No soy el principio y final de todas las cosas? Sonreí la mañana en que mi siervo Abraham, obedeciendo a mi perfecta voluntad, levantó la daga para sacrificar a Isaac. La mañana en la que Isaac me enfrentó, negándose a sacrificar a su padre Abraham… aplaudí. De gozo aún aplaudo.”

Invito a leer la novela, a reflexionar sobre las debilidades psicológicas y desigualdades sociales (la invisibilidad opresiva de la mujer, su explotación, el abuso y sumisión del débil, etc.). Todos estos temas se muestran hábilmente en esta novela.

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1 comentario

Archivado bajo Sobre Sara: La historia cierta (novela)

Una respuesta a “Breves notas sobre las visiones psicológicas en la novela “Sara: la historia cierta” de Rubis Camacho

  1. DOLABELLA

    Excelente análisis.

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