“Sonetos” de Eduardo Bobrén Bisbal /por Rubis Camacho

 

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Los sonetos de Eduardo Bobrén Bisbal  son monedas que nos arden en las manos, manojos de fuegos y aromas, aves livianas que se sacuden con gracia en el vuelo. Sí, sonetos de fuego.

Estamos ante un hombre subyugado por las palabras, por sus sonoridades, por los significados y contextos que convocan, y también, por las rutas laberínticas que sugieren. La palabra instiga al amor y a la armonía, nos asegura en “Al soneto”. El uso exquisito del lenguaje en estas piezas poéticas complementa la integridad de la voz que las anuncia o devela. ¿Para qué nos sirve una poesía sin honradez? Bobrén Bisbal hurga en el alma como un acto de paz.

Dentro del apretado esquema de una composición poética que consta de catorce versos endecasílabos distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos (hablamos del soneto, por supuesto),  este autor nos entrega su recorrido por las emociones humanas en un libro en el que “borda sentires”, desgrana amores, anuncia la esperanza, y cavila sobre lo que se ama y se pierde. Parece un niño juntando canicas. Así de raudo mana el verso entre sus manos.

En los inicios, canta a la belleza, de seguro, porque la belleza nos consuela, como afirma Mercedes López Baralt. El poeta observa, la nostalgia es el lente secreto. Vive el encuentro con la belleza como una especie de liturgia o baile sacro, y en este deslumbramiento estético rompe con la imagen visual como criterio de afirmación o negación de lo bello.  Nos asegura que lo bello es el sonido, la huella, el olor, lo palpable: “Se mezclan con tus pasos infinitos sonidos, dejándonos tu aroma en la estela que queda” (Soneto II).

De inmediato, presenta una de las tesis de su propuesta poética: el viaje. La vida es un peregrinar dolido (Soneto IV) donde incide la tormenta. La pasión transitoria se diluye, calla la carne. La voz lírica nos devuelve al transitar de Ulises, al Éxodo bíblico, a El peregrinar de Bayoán, a las rutas argonautas, a los viajes de Marco Polo, en fin, a todos los referentes literarios que marcan el quehacer humano desde la experiencia del viaje. Somos seres en movimiento inevitable. Por eso superamos a los árboles, por eso “somos tierra que anda”, en el decir de Atahualpa Yupanqui.

La voz poética lo sabe, lo escudriña,  teme y anhela. Recrea el viaje amoroso en sus versos. El amor es el ideal supremo: “Luz ideal, anhelo que mi vida calma”. El ser amado es representado en flor eterna, en ninfa del mar: “ser singular de la mirada pura”. Esto, en total congruencia con los movimientos clásicos de la poesía.

No obstante, todo viaje implica despedida. Es esa etapa del transitar la que pone en sus versos la enunciación de lo venturoso de ir a bordo. La poesía de Bobrén Bisbal reconoce los elementos de la muerte y el dolor, pero no se anquilosa en ellos. Hay tanto de esperanza en la literatura de este autor. Parece haber descubierto grandes secretos de la vida. Por eso recrea serenamente la extinción de cualquier fuego o pasión: “sin prisa contenida ni angustias ni cansancios, en pos de un sol vibrante que germine mi vida.”

 

Encontraremos en los sonetos de Bobrén Bisbal un interesante diálogo con otros textos (intertextualidad), así como con el mundo mitológico. Estas alusiones sostienen con gran fuerza algunas de sus imágenes (ninfas del mar, nereida del primor, Baco, Caronte, Quijote, etc.). Este dato revela un proceso arduo de investigación, muchos años de lectura, elementos de revisión y una mente prodigiosa, capaz de juntar perfiles e  historias hasta lograr una poesía lúcida.

Un grupo de sonetos dedicados a Safo, la antigua poeta griega, reclama su espacio literario; versos maravillosos de suave cadencia, de intenso mostrar y sugerir. Estas piezas han requerido que su autor retroceda en el tiempo para lograr una caracterización verosímil en el ensamblaje poético. Logra el tono, entusiasma, provoca a la lectura e investigación sobre la vida de la poeta, sugiere otros mundos para el amor posible, y otorga a la poeta de Lesbos un profundo carácter. Estos sonetos caminan en el ruedo de la túnica de la mujer griega, y enfrentan valientemente los vientos del Mediterráneo.

A medida que avanza la lectura, y la palabra poética se asienta, descubrimos otros temas de gran importancia en el trabajo literario de este autor. La patria es uno de ellos. Un grito de liberación se cierne en sus versos. También canta a la belleza femenina de ciertas figuras que movieron su tinta. Es una especie de regodeo por lo diáfano de la memoria, una alabanza, una prez, un loor.

¿Qué nos sorprende gratamente de la obra de este autor? La musicalidad de su poesía, la sucesión de imágenes novedosas, la intención de hacer del soneto un vehículo de verdades, sueños, quimeras, posibilidades, espacio para el tributo, rincón para la nostalgia, plataforma para la exaltación, altar para la patria.

Leer estos sonetos es caminar hacia la luz de la palabra: “Tú eres el relámpago”. Es descubrir nuevas posibilidades en el lenguaje y reconocer que la palabra es camino, destino y regreso. Sospecho el caudal de emociones que discurrieron por el espíritu del poeta al escribirlos. Están frente a nosotros como una ofrenda suave. Bebe cada soneto como agua pura y disfruta el universo, que a golpe de palabra,  construye Eduardo Bobrén Bisbal.

 

 

 

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1 comentario

Archivado bajo Sobre autores puertorriqueños

Una respuesta a ““Sonetos” de Eduardo Bobrén Bisbal /por Rubis Camacho

  1. Magnìfica introducciòn al mundo de Eduardo Brobén Bisbal.

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