Esperando por mis hombres de añil

 

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-Ya sabe, no puede pasar el teléfono celular. -Indica el guardia penal.

-Sí, lo sé.  -Asiento con la cabeza, como si mis palabras no bastaran.

-Espere en la salita.

********

Cada jueves espero más de treinta minutos después de la hora acordada. La sala es rectangular. En el centro hay una mesa plástica sobre la que descansa un florero con flores plásticas. Las ocho sillas de la mesa también son plásticas. Extraño lo cálido de la madera entre tanto cemento , hierro y plástico. En el tablón de edicto, un gran afiche azul, verde y blanco afirma: “EL EMPLEADO, NUESTRO MAYOR RECURSO.  A su lado, el espacio para la foto del empleado del mes está vacío. Todo luce viejo, excesivamente sobrio y amargo. Busco otra pared. Una antorcha enorme  aparece en el centro de otro gran círculo rojo, blanco y azul. De la punta de la antorcha brota un fuego tímido. En la esquina de la pared, sobre una tablilla de  hierro descansan siete trofeos enmohecidos. Representan siete victorias del equipo de pelota de los guardias penales; recuerdos de camaradería y esperanzas.

¿Por qué la palabra esperanza se me ha vuelto tan urgente  ?

Sobre el dintel de la gran reja que me dará paso al salón de los hombres de añil, cuelga la foto del gobernador de Puerto Rico. Sonríe plácidamente. Detrás, las banderas como dos guardias penales en los que sobresalen absurdamente las estrellas.

Vuelvo a la pared de inicio. El espacio del empleado del mes sigue vacío.

A través de la reja veo cómo dirigen a un grupo de mis muchachos. Esta manía de acercarlos con la palabra. Sí,  muchachos es la palabra que usaría mi abuela, la negra Nesta. A todos los ministros de la iglesia los llamaba muchachos; y cuando me hablaba de cómo ahorcaron a Arocho y Clemente, me hablaba de los muchachos negros.

El gobernador,  recostado en su mesa con tope de mármol, me mira . !Qué duras pueden ser las cosas bellas!

El guardia abre la reja y me indica el paso.  Por la ventana asoma la hermosa sonrisa de Jay, un joven de 21 años que deberá cumplir dos cadenas perpetuas,  y quien me contó la semana anterior, que sueña con volver a Naranjito, al barrio donde se crió, para sembrar recao y plátanos con su abuelo.

Sí, lo confirmo. !Qué duras pueden ser las cosas bellas!.

 

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