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Reseñas y artículos sobre el libro de relatos El Fraile Confabulado

UN CUERPO PARA EL FRAILE (Cuento) /Rubis Camacho

Invierno despiadado … Llovía.

Escuchamos ruidos afuera.  El hermano Bernabé     photo.JPG

me acompañó al portal. Más que el candil, nos guiaba una esencia rara, algo de lirios o fragancia de azucenas.  Encontramos el cadáver de una mujer desnuda envuelto en una manta. No había gente en los alrededores, aunque a la distancia se oía el trotar de unos caballos. Al hermano Bernabé se le aflojaron las piernas y se le hinchó la lengua. Gran pavor se apoderó de nuestras almas.

Con su ayuda, puse el cadáver sobre la mesa de la cocina. Mientras el hermano Bernabé aseguraba los cerrojos, encendí otras velas para escudriñar el cuerpo. Era de una transparencia azulina, impávido y yerto. ¿De qué otra manera? Le iluminé el rostro. Era la ramera que ofrendaba canastas de pan y pescado en nuestra puerta. Todos sabíamos de quien venía la dádiva, pero, por orden de nuestro prior, pasábamos por su lado ciegos o indiferentes.

En agradecimiento tardío, quise lavarle el cuerpo para la sepultura.  Fue extraño. El sucio cuerpo olía a cirio perfumado, también a los lirios suaves que crecen doblados en las laderas. Tuve que aproximar más la lumbre para no dudar de lo que veían mis ojos. Había letras y números que comenzaban en el nacimiento de sus pechos. Se extendían a lo largo y a lo ancho, gráciles, como mariposas pequeñas.

Bastó voltearla un poco para descubrir el primer mensaje. En la nuca, debajo del musgo apestoso que le caía sobre los hombros leí, Te haré entender y te enseñaré el camino por el que debes andar. Salmo 32:8. El número ocho tomaba la curva de los senos magullados. En un pezón rumiaba una tira de leche. Debajo del seno izquierdo ordenaba, Quédate aquí hasta que apunte el día y huyan las sombras. Cantares 4:5-6. El número seis apuntaba al enorme vientre fecundado, Tu ombligo como una taza a la que no le falta la bebida. Cantares 7:2. La palabra Cantares se deslizaba ondulante por una de las piernas, Como columnas de mármol fundadas sobre bases de oro fino. Cantares 5:16. El número 16 subía hacia el pubis, Venga mi amado a su huerto y coma de su dulce fruta…pozo de aguas vivas que corren del Líbano. Cantares 4:15-16.

El hermano Bernabé rezaba con voz cavernosa.

Leí las palabras escritas en los pies, Me levantaré ahora y rodearé la ciudad por las calles y por las plazas…Me hallaron los guardias de la ciudad, me golpearon y me hirieron. Me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros. Cantares…   

Una sensación de vergüenza y pantano me asedió el pecho. Miré las paredes buscando olvido. Tropecé con un mendrugo dentro de una canasta. La cesta colgaba de la figura de madera del Cristo crucificado que no logra cerrar los ojos.  cocinamedieval2

Ante la mirada incrédula del hermano Bernabé, acaricié la dura santidad de aquellas nalgas en las que se leía el último mensaje, Aparta tus ojos de delante de mí, porque ellos me vencieron…

 

Libro ” El fraile confabulado”  (Rubis Camacho)

Letra Negra Editores (Guatemala)

2012 

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El banquete del fraile / de Rubis Camacho

 

          Con nerviosidad apenas disimulable, escuchaba el fraile la confesión de Juana, heredera de las coronas de Castilla y Aragón.

          -Una mañana, entre el satinado ropaje de mi esposo, el hermoso Felipe, descubrí la misiva dirigida a la cortesana infame: “Nada es comparable al arrebol de vuestras mejillas, encendidas como granadas de terciopelo, suaves como seda del oriente, tersas como piel de armiño…”

Al leer lo que el puño traidor escribió en el pedazo de vitela, comí de mis carnes. Así de tremebundos son los celos.

Horas después, cuando Felipe apretó con dulzura mi diestra en la catedral de Toledo, renació en mí la dicha. Al mirarle con amor ardiente, vi cómo sus ojos besaban las arreboladas mejillas de la Virgen, encendidas como granadas de terciopelo, suaves como seda del oriente, tersas como piel de armiño. En silencio reverente me mordí la garganta, me despedacé los pulmones, me trituré las vísceras y tragué de mi sangre…

 Miró el fraile, a través de las rejillas del confesionario, las mejillas de la soberana; arreboladas, encendidas como granadas de terciopelo, suaves como seda del oriente, tersas como piel de armiño. Bajó la cabeza avergonzado de su lujuria, y mientras se devoraba el corazón rezó pidiendo clemencia para él y para Felipe.

(El fraile confabulado / Rubis Camacho)

 

 

 

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La sombra de Pedro/ en víspera de resurrección (El fraile confabulado /Rubis Camacho)

 photo.JPG 

Hoy:  para Vidal Guzmán  y  Mario Cancel …por darme la ternura de sus sombras.

 

…para que al pasar Pedro, a lo menos su sombra

 cayese sobre alguno de ellos.

Hechos 5:15

Sobre la falda de nuestro fraile pone el prior un viejo libro. Esto confortará tu alma y aliviará la tristeza causada por la pérdida de tus dedos, le dice.

Lee el fraile con fruición.

“Mientras Pedro camina por las calles de Jerusalén, inmerso en la tarea de entender la misión que le ha dejado el Maestro, su Sombra trabaja sanando los enfermos que dormitan en las orillas como yerbajos secos.

Pasado el mediodía, la Sombra, agotada, increpa a Pedro.

– Los enfermos hieden. Me agobian sus llagas y sus tormentos.

– No es tu obra, es la obra del Maestro, el que murió en el Calvario.

-¡Imposible! No conozco su sombra. –Riposta alocada.

…Y sin esperar respuesta, se dirige  al Monte de la Calavera. Serpentea por callejuelas. Aletea en los recodos. Busca afanosamente, pero no encuentra al Maestro.

Desciende sedienta del monte. Su cuerpo es una estría que se alarga de ira. Patea las piedras del camino. Masculla:

-Sólo tres cruces apestosas a sangre, solo tres cruces…

De repente, una Sombra Con Frescor de Lluvia cae sobre la cabeza de la Sombra. Se voltea frenética.

-¿Quién eres? ¿No ves mi aturdimiento? No encuentro la sombra del Maestro muerto en ese monte.  –Dice malhumorada, señalando al Gólgota con el índice neblinoso.

-Infructuosa búsqueda.

-¡Mancha ignorante! ¿No sabes que todos andamos con una sombra? -Y como es su costumbre, desencajada, prosigue el camino.

A medida que avanza, la Sombra Con Frescor de Lluvia la cubre con vientos de olores a lirios purísimos,  impregna los montes y las llanuras, desciende por las laderas y anida en las flores, se sumerge en los ríos impetuosos y rebota en la resolana de los desiertos…Así, hasta cubrir la inmensidad de la tierra.

La Sombra  desfallece  de gozo, de humedad, de fulgores.

Cuando de la impetuosidad de la Sombra apenas quedan flecos, y una rutilancia de salud y vida se multiplica en sus adentros, se voltea para agradecer a la Sombra Con Frescor de Lluvia.

Cabalgando sobre el universo, la Sombra Con Frescor de Lluvia tiene forma de cruz. Tintinea, brinca, retoza, mientras  repite: No hay sombra en Él, No hay sombra en ÉL… No hay sombra en ÉL…”

 

Cierra los párpados el fraile para imaginar el recorrido de la Sombra Con Frescor de Lluvia por todas las comarcas. Le caen gotas suaves en los labios y en el cuello. Abre las palmas para recibir la gracia. Se sacude de una carga. Un peso enorme cae de sus hombros, como bestia quisquillosa  a la que liberan de un infierno.

Dentro de él, poco a poco, se abre paso la luz en la oscurana.

 

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El telescopio del fraile

“Los cielos cuentan la gloria de  Dios…” (Salmo 19:1)

…Y ante el hecho de que el hermano Bernabé, a causa de su tos constante y saliva sanguinolenta, no podía vigilar tan demoníaco instrumento, decidió el prior que hiciese mía tal misión hasta que terminase el juicio contra el hereje Galileo. El hermano Felipe, manso y obediente, lo depositó en la buhardilla construida sobre el oratorio.

Durante siete noches vigilé el artefacto. Recé y rogué por el alma del impío Galileo. Ya me dolían las articulaciones cercanas a las uñas de tanto andar y desandar las cuentas del rosario. La octava noche me visitó la sombra, no lo oculto. Fui tentado por el maligno, ese león rugiente que busca a quien devorar. Caí en sus fauces, como Eva en las de la serpiente.

Sí, amado confesor, empuñé el instrumento para ver los cuerpos celestes.

!Oh, maravilla! Con la primera impresión enmudecí. Temblé  ante las pléyades. Me sorprendió la madrugada emboscado por esas masas luminosas que transitan parpadeantes el universo. También busqué a los ángeles, no al Soberano que reina y gobierna, porque bien hemos sabido que nadie puede ver a Dios y quedar vivo.

Meses enteros fui abrumado por la vastedad del universo, hasta una tarde en la que se me ocurrió…

(Fragmento del relato El telescopio del fraile / Libro El fraile confabulado de Rubis Camacho / Letra Negra Editores / Guatemala)

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Un cuerpo para el fraile

 

Un cuerpo para el fraile

          Invierno despiadado… Llovía.

Escuchamos ruidos afuera. El hermano Bernabé me acompañó al portal. Más que el candil, nos guiaba una esencia rara, algo de lirios o fragancia de azucenas. Encontramos el cadáver de una mujer desnuda envuelto en una manta. No había gente en los alrededores. Muy distante se oía el trotar de unos caballos. Al hermano Bernabé se le aflojaron las piernas y se le hinchó la lengua. Gran pavor se apoderó de nuestras almas.

 Con su ayuda puse el cadáver sobre la mesa de la cocina. Mientras el hermano Bernabé aseguraba los cerrojos, encendí otras velas para escudriñar el cuerpo. Era de una transparencia azulina, impávido y yerto. ¿De qué otra manera?

Le iluminé el rostro. Era la ramera que ofrendaba canastas de pan y pescado en nuestra puerta. Todos sabíamos de quien venía la dádiva, aun así, por orden de nuestro prior pasábamos por su lado ciegos o indiferentes.

          En agradecimiento tardío quise lavarle el cuerpo para la sepultura, aunque de forma extraña el  cuerpo sucio olía a cirio perfumado, también a los lirios suaves que crecen doblados en las laderas.

Tuve que aproximar más la lumbre para no dudar de lo que veían mis ojos. Una multitud de letras y números comenzaban en el nacimiento de sus pechos. Se extendían a lo largo y a lo ancho, gráciles, como mariposas pequeñas.

Bastó voltearla un poco para descubrir el primer mensaje. En la nuca, debajo del musgo apestoso que le caía sobre los hombros leí, Te haré entender y te enseñaré el camino por el que debes andar. Salmo 32:8. El número ocho tomaba la curva de los senos magullados. En un pezón rumiaba una tira de leche. Debajo del seno izquierdo ordenaba, Quédate aquí hasta que apunte el día y huyan las sombras. Cantares 4:5-6. El número seis apuntaba al enorme vientre fecundado, Tu ombligo como una taza a la que no le falta la bebida. Cantares 7:2. La palabra Cantares se deslizaba ondulante por una de las piernas, Como columnas de mármol fundadas sobre bases de oro fino. Cantares 5:16. El número 16 subía hacia el pubis, Venga mi amado a su huerto y coma de su dulce fruta…pozo de aguas vivas que corren del Líbano. Cantares 4:15-16.

El hermano Bernabé, con voz cavernosa, leyó las palabras escritas en los pies, Me levantaré ahora y rodearé la ciudad por las calles y por las plazas…Me hallaron los guardias de la ciudad, me golpearon y me hirieron. Me quitaron mi manto de encima los guardas de los muros. Cantares…   

          Una sensación de vergüenza y pantano me asedió el pecho. Miré las paredes buscando olvido. Tropecé con un mendrugo dentro de una canasta. La cesta colgaba de la figura de madera del Cristo crucificado que no logra cerrar los ojos.

Ante la mirada incrédula del hermano Bernabé …

Fragmento del relato Un cuerpo para el fraile        (El fraile confabulado /de Rubis Camacho/ Letra Negra Editores)

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Breves en la cartografía cultural

Por Carlos Esteban Cana

Ahora que estamos en plena temporada navideña, y usted se encuentra en medio de la tarea de agradecer la presencia de sus seres queridos con obsequios, permítame sugerirle que regale un libro escrito por un autor puertorriqueño. Y es que nuestra literatura es una de primer orden. Un libro que lleve en su cubierta nombres como Julia de Burgos, René Marqués, Emilio Díaz Valcárcel o Angelamaria Dávila, por ejemplo, será un obsequio que dejará huellas en quien lo recibe. Se lo garantizo.

Pero para dar un buen regalo no se tiene que limitar a los nombres clásicos. La literatura boricua está integrada por muchos ríos tributarios. La diversidad en lo producido por nuestras escritoras y escritores ofrece alternativas para todos los gustos. Dicho lo anterior, y como anticipo a mis impresiones de lo que disfruté de la literatura nacional este año (que compartiré con ustedes en una edición especial de En las letras, desde Puerto Rico durante el 2013), menciono algunos títulos publicados en el 2012, que le pueden servir como alternativa de regalo para cualquier ocasión, sea Noche Buena, Año Viejo, Año Nuevo, el Día de Reyes o las octavitas.

Permítame comenzar con el género de la metáfora, la poesía. Tres poemarios inmediatamente se colocan en primer plano: Confesionario, de Belia Segarra, poeta única en su clase, lo que podría llamar genuina, de esas que se mantiene a distancia de la pasarela mediática. La cantera de la que se nutre su poética es, sin duda, su propio proceso de vida. Y tras la belleza que deja la palabra cincelada y acrisolada en su interpretación -esa que da sentido a la experiencia- el lector que se acerca a estas páginas no permanece inmutable; se transforma. Incluyo dos títulos más en esta misma dirección: Erótica de Stefan Antomattei, y La vigilia de Tannhauser de Gilberto Hernández.

Erótica, del autor de la novela La chica de Estocolmo, ofrece en este poemario un balance entre la ternura, la nostalgia y el ingenio. En estas páginas el autor evidencia la conciencia del oficio, pues las piezas arrojan cierto hálito de haberse trabajado continuamente. Detalle que nos confirma  la propia biografía del autor, que en la pasada década ha estado inmerso en talleres y seminarios de escritura creativa. Erótica incluye además una serie de cuentos, que en sucesivas ediciones podrían funcionas como un libro autónomo.

La vigilia de Tannhauser, del autor del Libro de los viernes, Gilberto Hernández, nos presenta esa poesía clásica, que selecciona lo mejor de la tradición para dar textura al aliento existencial del escritor, que intenta distanciar de sí la experiencia vivencial mediante un personaje que da unidad conceptual a este poemario. Y es que Gilberto Hernández nunca ha tenido prisa por dejar en las manos del lector eso que conocemos como excelente poesía.

En narrativa corta tres títulos del 2012 vienen de inmediato a mi memoria. El fraile confabulado de Rubis Camacho, despeja dudas acerca de la autora. Muchos se preguntaban si después de un libro trascendente, fuera de lo ordinario, como Cuentos Traidores,  la escritora podía mantener la calidad de aquellas páginas. Y con El fraile confabulado Camacho ofrece una firme contestación afirmativa a tal interrogante. Y es que aquí la experiencia monástica está contemplada desde varias perspectivas. En palabras del crítico, historiador, y escritor, Mario R. Cancel-Sepúlveda: “El eje que une a todos los relatos, con una estructura similar a la de las fábulas, es la transformación. Con una mirada propia del movimiento surrealista o un desborde de la realidad, los conflictos de las tramas se resuelven o complican mediante la metamorfosis personal del fraile, los cambios del ámbito en el que se mueve, las actitudes sobre sus creencias y la lucha entre el bien y el mal”.

Otro libro que quiero destacar en este género, que tuvo presencia particular durante el 2012, es Vindicación del miedo, de Camilo Santiago Morales. Un libro que por su rúbrica cercana a lo destilado por escritores como Poe, Maupassant y Quiroga, deja reverberaciones intensas en el lector. Tal como lo apunta el creador de la bitácora cibernética Confesiones, Angelo Negrón: “Terminé el libro y me quedé con esa sensación que deben sentir los que acaban de bajarse de una montaña rusa; cuando a pesar de todo el terror que sintieron allá arriba, quieren regresar a la fila para encaramarse y retar a sus miedos nuevamente”.

Las sugerencias en el género del relato concluyen con la nueva entrega de Bruno Soreno, titulada Todos los nombres El nombre. Libro que puedo nombrar como orgánico y ‘vivo’, lo que resulta de una colección trabajada y trabajada sin descanso. Recién llegado a las librerías, esta obra puede representar para el lector un viaje, una visita panorámica por un catálogo de historias creadas y desarrolladas durante las pasadas dos décadas. Diferente a Breviario (2002), primer libro del autor, caracterizado por lo intenso y la síntesis, Todos los nombres El nombre es fragmentario si se quiere; aquí las piezas difusas y diversas nunca dejan pasivo al lector. Libro, sin embargo que muestra a su autor, diez años después, con el mismo gusto por la ironía soterrada, esa que se convierte en diálogo irónico con saberes propios y enciclopédicos.

 

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Una mirada tras la sombra del fraile/ por Margarita Iguina Bravo

En diecinueve relatos cortos, todos alrededor de la figura de un fraile, Rubis Camacho nos presenta su más reciente libro, con un juego de palabras como título.  Teje una gama de situaciones a las que se confronta un monje desde  la soledad monástica: impaciencia, búsqueda, hambre, dudas, temores, angustia, tentaciones, revelaciones. Se unta el fraile las trizas del hábito. Pide soledad. Reza confundido, penitente. La máscara del fraile.

El eje que une a todos los relatos, con una estructura similar a la de las fábulas, es la transformación. Con una mirada propia del movimiento surrealista o un desborde de la realidad, los conflictos de las tramas  se resuelven o complican mediante la metamorfosis personal del fraile, los cambios del ámbito en el que se mueve, las actitudes sobre sus creencias y la lucha entre bien y el mal. En ciertas  ocasiones el fraile solo es testigo de  la transformación de algún personaje. Ella cerrará los ojos un instante, pero los abrirá para apresarlo en sus pestañas. Respirarán el perfume de la manta mugrienta y en un beso indisoluble se entregarán las lenguas avinagradas. La indiscreción del fraile.

El conocimiento de la autora  sobre los temas bíblicos es notable. Los utiliza como epígrafes para  ampliar la idea que quiere desarrollar en los cuentos. El alejamiento de lo racional mitifica las acciones que encontramos a través del texto. Recurre a la intertextualidad, a la hipérbole, a lo fantástico y a lo mítico con una maestría que logra atrapar al lector desde el comienzo del libro. Ni su bordón ni su breviario, solo una gran lámina de vitela acompaña al buen fraile en el calabozo de la cárcel que bordea la cuenca rocosa del Tajo.  La máscara del fraile.

Utiliza una prosa lírica, cadenciosa, mientras maneja un vocabulario propio del lenguaje renacentista o barroco, lo que le añade credibilidad a lo narrado. Su capacidad de descripción  de los escenarios, como si bordara un tapiz, ayuda a tener más claro los detalles  y la época en las que se desarrollan las tramas.

En todos los cuentos podemos observar un combate continuo  al que vienen a luchar  los monstruos fantásticos  y reales que la imaginación puede crear. En un desborde de intertextualidad, Camacho nos lleva, en una alusión directa a un texto de Borges, a los laberintos diseñados por Dédalo donde habita el minotauro. Somos testigos de la incautación del telescopio durante el juicio contra Galileo por la Inquisición romana. Escuchamos la confesión de Juana, heredera del reino de Aragón y Castilla, prisionera en Tordesillas, de sus celos por los deslices de su marido. Y vemos con horror, en un escenario de la época  feudal,  el reclamo del derecho de pernada. Fue así cómo presencié el momento en el que los brazos y piernas se le volvieron hilos tristes, de plata, pero tristes. La vigilia del fraile.

En estos cuentos el fraile con su mirada y sentimientos se apropia del conflicto y es partícipe como si viviera en carne propia las angustias  relatadas ante las visiones alucinantes que intervienen en la mayoría de los textos. Al entrar al crudo espejo de la corriente, descubrí que unas hojas verdísimas me brotaban de los oídos, que florecillas blancas colgaban de mis ojosEl miedo del fraile.

En otros relatos las imágenes sirven de epifanía ante la incertidumbre de la búsqueda, como sucede en el cuento de la sombra.

Las situaciones en las que se involucra el fraile en los diferentes cuentos, llegan a un extremo que pueden parecer inverosímiles y exageradas. Pero esta forma particular de presentar las visiones tiene una razón de ser. Sirve  a la vez de crítica, cuestionamiento, reflexiones y  es parte de la poética que caracteriza este libro.

Además de los relatos tradicionales aparecen también varios microcuentos donde Camacho demuestra su habilidad para la síntesis. Podemos ver cierta ironía cuando critica la posición de la Iglesia como la única portadora de la Verdad.  En otros alude a dichos como “el hábito no hace al monje”,   al odio convertido en veneno, al punto vulnerable del talón de Aquiles.

A pesar de que las fábulas de Rubis Camacho no tienen una intención moralizante, la ironía en muchas de ellas puede tener una finalidad de crítica ante las instituciones que ostentan el poder. Lo que no se puede negar es que están llenas de magia y poesía. A medida que avanza, la Sombra Con Frescor de Lluvia la cubre con vientos de olores a lirios purísimos,  impregna los montes y las llanuras, desciende por las laderas y anida en las flores. La sombra de Pedro.

Aunque los primeros ejemplos de fábulas y cuentos cortos vienen del Oriente, buena parte de ellos reunidos en el Panchatantra de la India, vemos cómo la escritora puertorriqueña  continúa con la tradición latinoamericana que se ha distinguido por su afición a la brevedad: Galeano, Cortázar con su Bestiario, Monterroso y Borges por mencionar los más conocidos.

La influencia del texto de Reinaldo Arenas, El mundo alucinante, citado al comienzo del libro, es notable en el desarrollo de las tramas en los diferentes cuentos. La obra de Arenas es una recreación mítica de la vida del cura mexicano fray Servando Teresa de Mier, personaje real,  a quien la autora dedica su libro junto a fray Tuck, fraile que acompaña a Robin Hood en  sus aventuras. De esta forma la ficción se asienta como figura principal desde los comienzos del libro.

 

 

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